Pregonero

“¡Por orden del señor alcalde,
se hace saber…!”

La figura del pregonero tiene su origen en los heraldos o praecones de la Antigua Roma. La palabra pregonero (praeconis) procede del latín praeco (pregón), formado por el prefijo prae- (delante, antes) y la raíz del verbo vocare (llamar, citar, nombrar algo en voz alta).

Oficio imprescindible en nuestros pueblos y aldeas ha perdurado hasta tiempos recientes (mediados del siglo pasado), siendo hasta entonces el único medio de comunicación social en una población donde predominaba el analfabetismo.

El personaje del pregonero, que generalmente estaba representado por un hombre, era un municipal u oficial público que, colocado en una esquina y a golpe de trompetilla, comunicaba “a viva voz” cualquier información que pudiera ser relevante para el vecindario: acuerdos oficiales, asuntos municipales, pérdida de objetos y reses, novedades, festejos, visitas importantes, presencia de vendedores ambulantes, etc. Incluso los vecinos y vecinas podían solicitar sus servicios para la comunicación de asuntos personales como pérdida o venta de algún objeto, res, etc. previo pago o compensación.

La gente rodeaba al pregonero para enterarse bien del pregón. Los que estaban más lejos o no habían oído bien preguntaban y así se difundían las noticias, “boca a boca”, por todo el pueblo.

La progresiva alfabetización de las personas, la generalización de los bandos impresos, la aparición de la prensa y la reciente digitalización de cualquier tipo de información les afectó negativamente hasta el extremo de hacer desaparecer a este entrañable personaje.

Algunos ejemplos de anuncios que comunicaba el pregonero en nuestra localidad:

Por ejemplo, empezaba: “Se hace saber que ha llegado el recaudador de la Contribución, está en el sitio de costumbre”.

Y también: “Quien se hubiera encontrado una pulsera de plata se ruega la entregue en el peón de la villa. Se le gratificará…”

O, “Quien quisiera comprar sardinas frescas, a buen precio, en la pescadería de Ramón Lara…”