Carretero
Yo tengo un carro y una galera,
y un par de mulas cascabeleras.
Sus cascabeles son de oro y plata,
y una morena que a mí me mata.
El oficio de carretero era uno de los más antiguos y difíciles, pues requería dominar técnicas de carpintería y herrería. Incluso, los carreteros tenían que conocer algunas fórmulas matemáticas para calcular la estructura de las ruedas de los carros.
El carretero hacía carros, carretas, galeras, tartanas y otro tipo de vehículos que se usaban para el transporte de mercancías y personas en distancias cortas, pero también en trayectos más largos para desplazarse a otros pueblos y ciudades o para llevar hasta allí los diferentes géneros y productos. Era muy importante que el carretero construyera pensando en el largo plazo y para que los carruajes duraran muchos años, por eso, a la hora de fabricar, también debían tener en cuenta las extremas condiciones climáticas de frío y calor que se daban en la zona.
Mientras realizaba su difícil trabajo, el carretero juramentaba, blasfemaba y decía palabrotas, lo cual originó, probablemente, el dicho: “hablas peor que un carretero”.
Durante siglos, el carro más popular fue el carro de varas, del que tiraba una mula, pero en Torralba y muchos pueblos del Campo de Calatrava, también era muy utilizado el carro de lanza, preparado para un solo animal de tiro. Los carros eran, en el primer tercio del siglo XX, el principal medio para transportar piedras, arenas, grano, paja, leña, haces de mies o la uva, en época de vendimia.
Además de carros y carretas, el carretero también se encargaba de la fabricación de muchos aperos de labranza: horcates, sillas, borriquillas, horcas,…
La mecanización del campo, a partir de los años 60 del siglo pasado, fue acabando poco a poco con el oficio de carretero. Con ello, en los pueblos dejó de oírse el sonido tan característico de las ruedas de los carros en sus calles.



