Guarnicionero

En los siglos pasados, vivían en los pueblos numerosos artesanos como los guarnicioneros. Curiosamente, los vecinos de Torralba transformaron su nombre, llamándolo “guardicionero”, en lugar de guarnicionero que es la denominación correcta.

El guarnicionero era el artesano del cuero, material con el que trabajaba. En su taller hacía los arreos para las mulas, caballos, yeguas y borricos, que entonces eran necesarios para realizar los trabajos del campo y la ganadería.

Antes de cortar con plantillas las numerosas piezas de los arreos, el guarnicionero tenía que preparar y alisar muy bien sobre una mesa el cuero y después, una vez cortadas las piezas, coserlas con una lezna, ayudado de muchas otras herramientas de su oficio.

Hacían arreos sencillos, sin adornos, para trabajar en el campo y otros arreos bordados y adornados con tachuelas doradas para romerías y días de fiesta, como el día de San Antón. Ese día todas las caballerías de Torralba lucían sus arreos de fiesta para ir a la ermita de San Antón.

En los años 60 y 70 del siglo pasado la mecanización llegó al campo. Los animales de carga y tiro dejaron de ser útiles para agricultores y ganaderos, siendo sustituidos por el tractor y otras máquinas. En los pueblos pequeños como Torralba, el guarnicionero se quedó sin clientela, teniendo que cerrar su taller. Desaparecía, así, uno más de los antiguos oficios artesanales que daban vida a los pueblos.

En Torralba, los últimos guarnicioneros fueron Antonio Alcocer y los hermanos Ruiz (Casimiro y Jesús).