Herrero
El herrero era un artesano muy valorado en los pueblos porque fabricaba las herramientas necesarias para el trabajo de agricultores y ganaderos. Al lugar donde trabajaba se le llamaba “herrería”, nombre muy antiguo, y más tarde “fragua”.
En Torralba, villa de la orden de Calatrava, ya había herrería y herrero a finales de siglo XV. La antigua herrería estaba situada en la Plaza Vieja, junto al hospital de San Pedro (actual Plaza de Don Quijote).
Desde la Edad Media, los herreros fueron perfeccionando su lugar de trabajo y sus herramientas. Parte fundamental de una herrería era el fogón o fragua, donde siempre ardía el fuego. Encima del fogón había una gran chimenea. El fuego se avivaba continuamente a través de una tobera, con un fuelle manual y más tarde mecánico. Cercano al fogón se situaba el yunque, herramienta imprescindible para un herrero. Al lado del yunque la pila del agua para enfriar el metal. El combustible usado para el fuego era el carbón vegetal.
En el célebre cuadro de Velázquez la fragua de Vulcano puede contemplarse una antigua fragua del siglo XVII en España.
El herrero calentaba el hierro al fuego hasta ponerlo al rojo vivo. Después lo ponía sobre el yunque y con el martillo de herrero lo iba golpeando, preparándolo para la forja de las distintas herramientas. Hacía también objetos tan necesarios como cerraduras, llaves, goznes para puertas y ventanas, rejas, utensilios para la cocina y, asimismo, piezas para otros artesanos, como herraduras para los herradores, y llantas de hierro para los carros de los carreteros.
La herrería o fragua se situaba siempre en un lugar céntrico del pueblo. A ella acudían los vecinos a templar y afilar las rejas de sus arados y otros muchos arreglos. La fragua era siempre ruidosa, con el martilleo del herrero sobre el yunque y su voz dando órdenes a los ayudantes.
A finales del siglo XIX y principios del XX la producción en masa de herramientas en las fábricas, fue disminuyendo el trabajo de los herreros. Muchos de ellos se convirtieron en herradores. La mecanización del campo a partir de los años sesenta del siglo pasado, acabó con los herreros de los pueblos y con sus antiguas fraguas.



